Vocación

Había en mi corazón como un fuego ardiente, prendido en mis huesos y aunque yo hacía esfuerzos por apagarlo, no podía”. (Jr.20,9)

¿Ya has descubierto tu misión?

¿Sabes que quiere Dios de ti? ¿Sabes cómo descubrir lo que Dios quiere para ti?

¿Te atrae la vocación contemplativa o la ves inútil?

Para pensar más...

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PALABRAS DE JESÚS

“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y Él te daría agua viva” Jn. 4,10

“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” Mt. 25,40

“El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.” (Jn. 14, 23)

“...a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo el que os he elegido ...”(Jn. 15, 15-16)

“Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt. 28, 21)

“Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo- y luego ven y sígueme” Mt. 19,21

La palabra Liturgia viene del griego (leitourgia) y hoy se usa para desginar todo el conjunto de la oración pública de la Iglesia y de la celebración sacramental.


La liturgia nos hace presente a Jesucristo mismo con su Cuerpo, su Sangre, su Palabra. Este misterio que sucede en la Eucaristía se prolonga y se difunde a todos los momentos de la jornada por el rezo y canto de la Liturgia de las Horas.

La liturgia de las horas es la oración que la Iglesia unida a su Señor realiza todos los días y en cada momento del día, por esto decimos que es la santificación de la jornada. Sí, Dios se vale de la oración de la Iglesia para santificar la vida de los hombres.

Por la Liturgia la fuerza de Dios penetra en el tiempo y lo santifica misteriosamente, a la vez que recoge toda la realidad de los hombres y de la creación entera, y vivificándola desde dentro, la encamina al Padre, por el Hijo, en el Espíritu.

En esta oración nuestra comunidad cumple la función de ser “un acueducto vivo” de doble dirección, por un lado lleva a Dios las necesidades, anhelos, gozos y sufrimientos de los hombres y por otro lado permite que el derroche de la gracia del Señor se derrame en el mundo.

La Liturgia de las horas es también glorificación de Dios. ¿Y qué es glorificar al que es la misma Gloria? Glorificarle es reconocer que es Dios, y acudir a Él como a nuestro Padre, nuestro Redentor y nuestro Consolador. Cuando glorificamos a Dios no hacemos otra cosa que dejarnos llevar por el eterno movimiento del Hijo al Padre en el amor del Espíritu; y, desde, con y en Jesucristo le adoramos, le alabamos, le ofrecemos, le pedimos... Jesucristo como Cabeza de la Humanidad el que presenta esta oración la Padre. El “ora por nosotros, ora en nosotros y a quien dirigimos nuestra oración”, por ello tenemos la certeza de ser escuchados y de que en el tiempo oportuno se nos dará más allá de lo que somos capaces de desear y pedir.Nuestra vida dominicana exige por sí misma que seamos fervientes en la celebración de los misterios divinos y totalmente entregados al anuncio del Evangelio.

 

 

 

Por medio de la Liturgia, nuestra vocación de monjas de la Orden de Predicadores realiza la tarea de Juan Bautista, la de preparar el camino al Señor; a la vez que en al contacto de su Presencia viva nuestras mentes y corazones van impregnándose de la mente y el corazón de Cristo.

 

 

 

Nuestro seguimiento en pos de Cristo según el carisma de Santo Domingo intenta renovarse constantemente en la oración comunitaria.... Cada comunidad y cada uno de nosotros podemos llegar con eficacia a la maduración de nuestra fe y a la contemplación de la totalidad del Evangelio.