Monjas Dominicas

Nuestro Padre santo Domingo de Guzmán nos sumó a la “Santa Predicación”. Nuestra misma vida contemplativa, es nuestro modo específico de predicar. Anunciamos que en Cristo, Dios que es Amor está con cada uno de nosotros. Nada es más fuerte que el amor que Jesús nos tiene.  


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Fraternidad...

Llamadas a vivir en comunidad el Evangelio de Jesús. Nuestra vida de hermanas quiere ser un testimonio de que es posible vivir el Evangelio . Jesús nos da su Espíritu, su Amor, que nos hace capaces de amarnos como hermanos. ¡Sólo hay que dejar que nos transforme!


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Contemplativas

  La soledad del Monasterio nos llama constantemente al interior, donde D ios Trinidad nos habita. Nos ayuda a vivir en silencioso diálogo amoroso, compasivo con las necesidades del mundo y de cada hombre, especialmente por los que más sufren.  


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¿Escuchas a Dios?

  Las campanas del Monasterio comparten nuestra misión: están para que cuando las escuches recuerdes que Dios está presente en tu interior, en tu historia ¡A Él le importas!!!!


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En la Trinidad...

Somos monjas dominicas que formamos el Monasterio de la Trinidad; caminamos hacia la meta de todo ser humano: el corazón de la Trinidad. Intentamos dejarnos transformar por el Espíritu para poder vivir de, por y en el amor trinitario.  


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Vocación

Había en mi corazón como un fuego ardiente, prendido en mis huesos y aunque yo hacía esfuerzos por apagarlo, no podía”. (Jr.20,9)

¿Ya has descubierto tu misión?

¿Sabes que quiere Dios de ti? ¿Sabes cómo descubrir lo que Dios quiere para ti?

¿Te atrae la vocación contemplativa o la ves inútil?

Para pensar más...

Galería de Imágenes

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PALABRAS DE JESÚS

“Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y Él te daría agua viva” Jn. 4,10

“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” Mt. 25,40

“El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.” (Jn. 14, 23)

“...a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo el que os he elegido ...”(Jn. 15, 15-16)

“Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt. 28, 21)

“Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo- y luego ven y sígueme” Mt. 19,21

Beata Margarita Ebner, monja (1291-1351):

Margarita Ebner nació alrededor del año 1291 en el seno de una de las principales familias de la ciudad de Donauworth, Baviera, al sur de Alemania y fue educada en la casa paterna en las virtudes y en las letras.

De naturaleza tierna y apacible, y enferma durante casi toda su existencia, vivió una vida en tensión entre enfermedad y mística.

Se distinguió por una maravillosa intimidad de vida en Dios y un encantador intercambio de relaciones con Jesús Niño.

Desde pequeña desarrolló una pronunciada inclinación a la piedad.

En el año 1306, a la edad de 15 años, obtuvo de sus padres, no sin cierta pena, el favor de entrar como novicia de las monjas de la Orden de Predicadores, en el floreciente Monasterio de Medingen (Mödingen moderno, cerca de Dillingen un der Donau en Baviera) de la diócesis de Ausburgo, dedicado a la Asunción de la Virgen Madre de Dios. Una tía la suya estaba ya allí, y otras parientes la siguieron. Algunas pudieron sobrellevar las austeridades propias de la vida religiosa contemplativa, a Margarita le costó la vida monástica probablemente por su precaria salud.

Por mérito suyo Medingen se convertirá en uno de los centros de la espiritualidad dominicana.

En 1311 (tenía 20 años), después de 5 años de una vida muy inocente en el claustro, la gracia la solicitó a seguir una vida más perfecta todavía. Llamada a mayor conversión, para cumplir en todo la divina voluntad, emprendió, a ejemplo de su Padre Santo Domingo, una vida de mayor perfección, según ella misma afirma: “salvadora para sí misma, ejemplar para los hombres, agradable a los ángeles y grata a Dios”

Dios se sirvió para esto de tres grandes dolores que alcanzaron sucesivamente las diferentes partes de su cuerpo: sus ojos, su lengua, su corazón, sin que ningún remedio humano pudiera aliviarla.

Gravemente enferma y por ello la mayor parte del tiempo confinada en su lecho era consolada por Dios y llamada a cumplir en todo su divina voluntad

Incapacitada por la enfermedad para realizar grandes penitencias exteriores, Margarita se mortificó en el alimento, en el porte, en el sueño, dándose a una vida de plegaria y oración inspirada en los ciclos del año litúrgico y caracterizada por la meditación de los misterios de la vida del Señor. Se destacó por el silencio y la paciencia con que soportó sus constantes enfermedades.

Margarita se entregó totalmente a la voluntad divina, suplicando al Señor que no la curara. No abandonó ni un instante su plegaria encontrando en este ejercicio paciencia y consolación. Durante el transcurso del tercer año el mal aumentó de tal manera que todo el mundo creyó se paralizaría, no podía realizar ni el menor servicio comunitario. Su pena mayor era de estar dispensada por sus superiores de todas las observancias monásticas

Cuando sanó dio gracias al Altísimo de su curación y le pidió estableciera con ella una unión íntima. Su plegaria fue escuchada. Desde entonces su única aspiración fue actuar con Jesús, sufrir con Jesús, ir al cielo, lugar donde está el Padre Celestial con Jesús. Se propuso ofrecer todos sus actos en unión con los de Jesús. Dios le mostró con hechos sobrenaturales que le agradó esta oblación. Subió cada día hacia Dios por todos los grados de la contemplación.

La política imperial influyó mucho en la vida de la Beata Margarita. Fue una contemplativa comprometida con el tramo de historia que se le dio caminar, como es frecuente en los santos de la Orden Dominicana, que suelen vibrar por las alegrías y sufrimientos de los hombres.

Luis IV de Baviera (1282-1347) fue rey a partir de 1314 y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico de 1328 a 1347.

En 1314 Luis fue elegido y coronado rey de Alemania frente a Federico de Habsburgo. Un grupo de electores estuvieron en desacuerdo con la elección de Luis y coronaron a Federico de Austria. La legitimidad de uno y otro era dudosa.

De esta forma, ambos, mientras en el campo de batalla se disputaban su derecho, acudieron al Papa, persuadidos de que la aprobación pontificia sería decisiva.

El Papa desde 1305 vivía exiliado en Aviñón.

¿Qué hizo el papa Juan XXII? Dejó que el Imperio siguiera vacante, porque ello favorecía sus designios políticos.

Durante 8 años Alemania estuvo en guerra disputando la corona hasta que Luis logró derrotar a Federico en 1322 en la batalla de Mühldorf. Tras su derrota Federico renunció a alcanzar el trono. Y Luis fue reconocido como único monarca en Alemania. El Papa no lo reconoció.

Juan XXII, aconsejado por intereses franceses, no llegó a percatarse del estado de ánimo de sus contemporáneos: en el “siglo XIV no admiten ya, aunque veneran al Papa como jefe espiritual de la Iglesia, que éste use las penas eclesiásticas para defensa de una causa que no es sino política, como tampoco aceptan la pretensión del pontífice de regir personalmente el Imperio durante el tiempo de la vacación de su titular, y menos aún que el Papa sea quien ejerza el poder judicial”

La política de Juan XXII respecto a Luis de Baviera, estuvo ciertamente cargada de intransigencia”

Lograda su hegemonía en Alemania, Luis pretendió que ésta se viera legitimada por los cauces legales: emprendió una campaña sobre Italia. El emperador Luis de Baviera, trató de ejercer sus derechos sobre territorio italiano, agudizando su abierto enfrentamiento con el papa Juan XXII. Avanzó sobre Italia con éxito.

Juan XXII en abril de 1324 excomulga a Luis de Baviera acusándole de defender a herejes y rebeldes de la Iglesia (porque defendió a los franciscanos espirituales que estaban a favor de la pobreza evangélica absoluta) y que no tenía derecho alguno para administrar el Imperio sin la confirmación de su elección por medio de la Santa Sede.

Luis el Bávaro en un manifiesto ardentísimo califica al pontífice de sembrar cizaña, de ser juez injusto, que manifestó públicamente querer exterminar el imperio alemán, que fomenta las discordias y guerras en Italia, que es usurpador de derechos y hereje notorio porque niega la pobreza absoluta de Cristo y de los Apóstoles. Y mirando por el bien de la Iglesia pide que sea convocado un concilio general.

Juan XXII reaccionó violentamente ante este desafío que le era lanzado al papado, y así el 11 de julio de 1324 hizo pública una nueva sentencia de excomunión más terrible que la precedente en contra de Luis en la que despojaba a este último de todos sus derechos al Imperio. Todo esto produjo en Alemania un ambiente de gran indignación contra el pontífice.

Para las monjas de Medingen y especialmente para Margarita, la patria y el emperador tenían mucho espacio en su plegaria. Rogaban con fervor por el retorno de la paz.

En 1324, las monjas tuvieron que salir del monasterio debido a este conflicto. Margarita pasó dos años con su familia, acompañada de una conversa, dentro de la seguridad de las paredes de la ciudad de Donauworth antes de poder volver a María Medingen.

Con Luis de Baviera excomulgado, Alemania fue puesta bajo entredicho. Esto significó que los sacramentos no podrían ser administrados. Aunque al principio no se hizo mucho caso al entredicho, fue observado más adelante en la mayoría de los campos.

Para las monjas cuyas vidas se centran alrededor de los sacramentos, esto era una privación seria; Margarita sufrió mucho por esta situación. Habla de ello a menudo en sus escritos.

Vuelta a su monasterio la Bienaventurada reiteró su aceptación del sufrimiento y se entregó fielmente a la práctica de la humildad y de la caridad desechando las dulzuras sensibles en la oración, gimiendo interiormente sus defectos e intentando no afligir a ninguna persona buscando servir a las hermanas.

Nuestro Señor la recompensó atrayéndola a un amor más ardiente por sus divinos sufrimientos. Margarita soportó arideces espirituales fuertes y temibles pero de ordinario la Santa Comunión transformaba su sequedad en dulzura.

El día que comulgaba, ningún otro alimento le agradaba y permanecía solitaria alejada de toda conversación.

Era devotísima de la Eucaristía y del “Santo Nombre” y el “Corazón” de Jesús. Y al constatar que los hombres morían a miles a causa de la guerra se dedicó particularmente a realizar sufragios por los difuntos.

Luis de Baviera entra en Roma triunfalmente el 7 de enero de 1328. El 17 de enero en la Basílica Vaticana se hizo coronar emperador, sin la presencia de Juan XXII, por dos cardenales. Convocó y presidió en la plaza de San Pedro un parlamento de laicos y clérigos que declaró herético a Juan XXII. Luis excomulgó al Papa reinante en Aviñón, depuso a Juan XXII como Papa y logró el 18 de abril la elección del antipapa Nicolás V.

Cuando así después de 10 años, Luis respondió al entredicho eligiendo a su propio Papa exigió a los sacerdotes de Alemania elegir entre volver a administrar los sacramentos o el exilio.

En el conflicto entre el Emperador y el Papa, Margarita expresó viva simpatía por Luis de Baviera.

Al ponerse de parte de Luis, demostró considerable independencia, no sólo porque la mayor parte de la Orden Dominicana apoyaba al Papa, sino porque su director y amigo más cercano de los últimos años, el sacerdote secular Heinrich von Nördlingen, se oponía a Luis. Heinrich en 1338 eligió exilio antes que violar el entredicho.

Gracias al exilio la Beata Margarita tuvo una notable correspondencia epistolar con su director espiritual Enrique de Nördlingen. Estas cartas son una fuente fundamental para el conocimiento de su tiempo y de su patria.

El 28 de octubre de 1332 Enrique de Nördlingen había visitado el Monasterio de María Mendingen. Allí conoció a Margarita y asumió su dirección espiritual. Con él, ella explayaba su alma y recibía de su guía espiritual consuelos luminosos para su progreso en la perfección. Nuestro Señor le dijo de él: “A mi me place a causa de su profunda humildad”. Margarita y Enrique llegaron a tener una sólida amistad espiritual.

Enrique, viendo todo el bien que Margarita recibía de su Esposo, Cristo, quiso que ella escribiera todas las gracias con que Dios la colmaba. Tal orden inspiraba pena y temor en el corazón de nuestra Beata. Pero el Nuestro Señor la alentó para que obedeciese y le prometió ayuda y mayores gracias.

Así es que entre los años 1344-1348 la Beata Margarita dictó su “Diario” por indicación de Enrique de Nördlingen, con sus experiencias interiores, titulado quizá impropiamente “Revelaciones” Offenbarungen ya que se trata realmente de la historia de su vida espiritual, es un documento importante en el que relata sus “gracias espirituales” o dones, sus inspiraciones, aflicciones y alegrías. Pobre en cualidades literarias y teológicas, “Revelaciones” está al mismo tiempo libre de quietismo y de exageraciones -tan frecuentes en su género- está escrito con sinceridad, sin rodeos, constituye un incomparable testimonio.

En su correspondencia y en el resto de sus escritos, Margarita muestra la repercusión que tuvo en el monasterio el conflicto entre Luis de Baviera y el Papa, y los problemas derivados por el entredicho. Margarita se mostró mucho menos reservada que su director con respecto al buen derecho de Luis de Baviera y de la pureza de sus intenciones. Trata de él con el Señor como de un perfecto servidor.

También compuso un comentario al Padre Nuestro que “es un documento indispensable para conocer la vida religiosa de la época” (G. Gabetti).

Enrique volvió de exilio en 1350 (habiendo estado exiliado en Aviñón, Constanza, Basilea, Estrasburgo, Colonia) y visitó a Margarita por lo menos una vez más antes de su muerte.

En torno a su confesor, el sacerdote diocesano Enrique de Nördlingen y el dominico Juan Taulero se comenzó a formar desde 1339 un movimiento espiritual llamado “Amigos de Dios” o “místicos del Rhin” que extendiéndose convocó a los mayores místicos de la época en el norte y centro de Europa.

Vivían una unión con Dios profunda y el amor recíproco. El movimiento estaba integrado por laicos, religiosos, casados, sacerdotes, toda clase de personas.

En general eran atendidos espiritualmente por los dominicos que recientemente habían sido fundados.

El Maestro Eckart representa la inteligencia del movimiento, Taulero el animador y Enrique Susó el corazón.

Pero los dominicos dedicaron sus mejores energías a sus hermanas de religión las monjas. Por lo cual hubo un gran florecimiento de profunda espiritualidad en los monasterios dominicanos.

La mística renana va a ser la nueva espiritualidad dominicana.

Es el período colectivo más espléndido de la mística femenina dominicana de todos los tiempos.

Lo más sorprendente es pensar que surgió como una reacción ante un tiempo de  superficialidad, ambiciones políticas, guerras, excomuniones. Fue una reacción inspirada por el Espíritu Santo, para involucrarse en una solución adecuada ante la realidad. ¿Que puedo aportar yo personalmente ante tanta confusión?: ¡Tratar de vivir plenamente el Evangelio!. ¿No es lo mismo que hizo Santo Domingo en el sur de Francia? Margarita y tantas otras monjas místicas dominicas alemanas supieron comprender el ideal de Domingo y vivirlo.

Margarita Ebner fue sencilla, humilde y entregada a la oración. La vista del crucificado excitaba en su alma unos transportes indecibles, sin cesar ella apretaba sobre su corazón y besaba amorosamente la cruz que llevaba al cuello. Daba las mismas pruebas de ternura al gran crucifijo suspendido en la reja del coro. Por la noche veía que de lo alto de esta cruz, Cristo se inclinaba hacia ella permitiéndole besar su costado sagrado y le saciaba la sed con la sangre que caía. El Señor la alzaba y ella bebía directamente de su costado. Cuando comulgaba bajo las dos especies, experimentaba la dulzura de la Sangre del Señor, que perduraba en ella tres días.

No tenía más que una aspiración y deseo: que el Padre Dios le concediese identificarse completamente, lo más posible con la pasión de su Hijo Jesucristo.

Margarita experimentaba la bondad de la vida en Dios y deseaba permanecer escondida en Él. Vivía una dulzura desbordante al pronunciar el Santo Nombre de Jesús.

La devoción de Margarita por la Pasión del Salvador la llevó a desear ardientemente tener impresos los estigmas sagrados de Jesucristo. Este favor le fue dado en la Cuaresma de 1339. Su alma entró en redoblado fervor y desde entonces le era imposible escuchar palabras de sufrimiento de su Divino Maestro, leer las lecciones del Oficio de Semana Santa. La simple vista del crucificado la ponían fuera de si todo el día. Esto la obligaba a salir del coro, a ocultarse en la capa, donde a veces ofrecía síntomas de una persona en agonía. Algunas horas después se recuperaba.

La alternancia de sufrimientos y de consolaciones sobrenaturales se presentaban sobre todo las dos últimas semanas de Cuaresma, pero en las fiestas de Pascua sobreabundaba en alegría. El alegre Aleluia Pascual la devolvía a una vida de resurrección espiritual y de unión más íntima con el vencedor de la muerte. La clara verdad de Dios viviendo en ella le comunicaba luminosidad. Todos los misterios de Cristo la conmovían.

Las gracias más abundantes le fueron dadas en la oración y en la recitación del Padre Nuestro. Era su plegaria favorita, y cada oración dominical era acompañada de una larga paráfrasis que Nuestro Señor mismo le había revelado.

Ponía especial cuidado en honrar la vida del Verbo encarnado con prácticas especiales que constituían según ella sus “horas de delicia”.

La primera se centraba en los misterios de la Encarnación y la estancia de Nuestro Señor en el casto seno de María; la segunda su Nacimiento en Belén y sus treinta y tres años sobre la tierra; la tercera, la elevación de la Cruz sobre el calvario por amor de todos los hombres; la cuarta, que Jesucristo nos enriquece cada día de su carne Eucarística; la quinta, el amor que le lleva a abandonarse a todas las almas puras; la sexta, la infinita bondad que testimonia cotidianamente a todos los hombres sin excepción.

En el año 1344 le mandaron de regalo desde Viena una imagen del Niño Jesús. En adelante tendrá una relación intensa con el Niño Dios. Su atracción hacia Jesús Niño crecía sin cesar: le ocupaba esto noche y día. Durante la Cuaresma, durante los dulces efluvios de la Santa Infancia dieron cambio a las amarguras de la Pasión

En el santo tiempo de Adviento, disfrutaba de las ternuras inefables del Niño Divino. Él le hizo dos revelaciones: una sobre su concepción y otra sobre su Nacimiento. “Con gran amor le dijo él, Yo ocupaba todo el corazón de mi divina Madre, yo inundaba todo su ser de una alegría dulce y sobreabundante.”

Dialogaba largamente con Jesús niño bajo forma de palabras no exteriormente articuladas sino de comunicaciones íntimas. Son diálogos de exquisita ternura y cercanía.

Regularmente sufría un misterioso mutismo, o según sus expresiones un “enlace de la lengua” que paralizaban sus órganos de fonación, impidiéndole articular sonidos. De pronto emitía gritos vehementes provocados por el entusiasmo o por el pavor que se escuchaban por todo el monasterio. Su plegaria interior era esta: “Señor, haz de mí lo que quieras pero no me dejes jamás”.

Le fue dado entender estas palabras en el fondo de su corazón: Yo me he dado a ti, jamás yo me retiraré, yo sólo, el verdadero Dios, debo poseer tu corazón. Toda tu vida es mía, la mía está también en tu alma. Tu eres mi amor y yo soy el tuyo. El amor que yo te tengo tú no puedes comprenderlo. Sufre por amor por mi, pues yo no quiero que tu seas privada de sufrimientos. Sólo Yo soy esta pura verdad que vive y opera en ti. Yo te he envuelto en mi misericordia. También tu debes regocijarte de que el verdadero Dios vive en tu alma y de que su bondad no te abandone ni en el tiempo ni en la eternidad”.

Sufrió críticas y desprecios pero fue comprendida y apoyada por Sor Elsbeth Scheppach, que le prestó ayuda en sus escritos. Cuando Elsbeth fue priora protegió a Margarita en sus momentos difíciles.

En 1346 recibe la Visita de Juan Taulero. También con él y con y el abad Ulrich III Niblung de Kaisheim mantendrá correspondencia epistolar.

La correspondencia epistolar de Margarita, fue editada a finales del siglo XIX, y ha sido reimpresa en Amsterdam en el año 1966 y constituye una fuente fundamental”

En el año 1347 alcanzó la más alta unión mística o matrimonio espiritual.

Margarita es una de las grandes místicas renanas que vivieron en el siglo XIV en los más de setenta monasterios alemanes de nuestra Orden. En los monasterios Alemanes de Adelhausen, Engelthal, Diessenhofen, Kirchberg, Oetenbach, Poess, Weiler, Untenlinden y el de Medíngen y muchos otros se vivió, en la época de Margarita, una profunda vida mística.

Sobre todas (las místicas germanas o renanas) emerge la mística de Mendingen, la Beata Margarita Ebner. Es una mística cuyas experiencias anticipan las de Santa Teresa de Ávila, sin embargo manifiesta también su propia vocación carismática de predicadora confrontándose con los “Amigos de Dios” que acuden muchas veces a ella”

La noche de Pentecostés de 1348, cuando entraba al coro para el Oficio solemne de Maitines, Margarita Ebner, tuvo la impresión de recibir una gracia, que se declara incapaz de describir, similar a la recibida por los apóstoles cuando bajó sobre ellos el Espíritu.

El Señor le prometió también asistirla en su tránsito con la Bienaventurada Virgen María y el Apóstol San Juan. Y le hizo una revelación particular acerca de su muerte

Margarita Ebner murió a los 60 años el día 20 de junio de 1351. Sus últimas palabras fueron: “Demos gracias a Dios; Virgen María, Madre de Dios, ten misericordia de mí.”

Su cuerpo se venera en la iglesia de su convento, que hoy habitan las franciscanas en Médingen.

Su culto inmemorial fue confirmado y ratificado por Juan Pablo II el 24 de febrero de 1979.

De los 483 santos y 1345 beatos que durante el pontificado de Juan Pablo II fueron llevados a los altares, la primera fue la beata monja dominica Margarita Ebner con el decreto Confirmatio cultus, a los cuatro meses de ser elegido pontífice.

La imágenes en honor de Margarita Ebner la representan con aureola, presionando sobre su pecho un gran crucifijo y el Niño Jesús cerca de ella de pie sobre una mesa.

 

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